En noviembre de 2024, los sistemas de vigilancia epidemiológica de México detectaron un patrón anómalo en unidades materno-infantiles del Estado de México: múltiples pacientes pediátricos desarrollando infecciones graves del torrente sanguíneo en un período muy corto. Para el 5 de diciembre se contabilizaban 20 casos en diferentes hospitales, 15 de ellos confirmados. El comunicado del 7 de diciembre registró 13 fallecimientos vinculados al brote. Días después, cuatro decesos adicionales fueron reportados en Guanajuato y Michoacán.1
El agente causal identificado fue Klebsiella oxytoca, una enterobacteria conocida en el ámbito hospitalario desde hace más de un siglo. Su presencia en este brote no representa una amenaza nueva: representa una falla en las barreras que deben contenerla.
Lo que este brote revela sobre el sistema
El número de Infecciones Asociadas a la Atención de la Salud (IAAS) reportado se ha duplicado en México entre 2019 y 2023, pasando de 25,164 a 81,441 casos nuevos y probables. Lo más posible es que este aumento hable de un mayor reporte de casos; sin embargo, también indica que es un problema que aún no se combate. La letalidad fue de 4.7% en 2023: casi cinco de cada 100 pacientes que desarrollaron una infección durante su hospitalización murieron, lo que equivaldría a casi cuatro mil muertes evitables.2
Estos números no son fatalidad. Son síntoma.
Son el resultado acumulado de superficies que “parecen limpias” pero no lo están, de adherencia a higiene de manos deficiente, de falla de procesos en esterilización, de manejo de soluciones inadecuado, aunado a la visión de “gasto” al invertir en desinfección.
La tecnología en desinfección es una inversión, no un gasto.
La infectóloga pediátrica Ana Cecilia Carbajal, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, señaló que en muchos de los hospitales afectados ni siquiera contaban con los recursos para incubar muestras o realizar cultivos: “Si no tienes esos recursos, la notificación de un brote se vuelve difícil.”3
El diagnóstico tardío es una consecuencia. La causa está antes: en el momento en que la bacteria contaminó una superficie, un insumo, un área de procedimientos, y de ahí a las manos. Incluso la higiene de manos —con la mayor evidencia científica para disminuir la incidencia de IAAS— únicamente logra eliminar mil unidades formadoras de colonias por cm², sin neutralizar todo lo que una mano contaminada por superficies sucias puede portar.7
El problema no es la bacteria. Es el entorno que le da ventaja.
Klebsiella oxytoca no es nueva ni misteriosa. Fue descrita en 1886. Como enterobacteria, vive en el intestino humano. Pero al llegar al torrente sanguíneo puede causar sepsis, neumonía y meningitis.3 Los hospitales la conocen. El reto no es identificarla: es no darle condiciones para prosperar desde las superficies.
Esas condiciones tienen nombre: superficies de alto contacto sin protocolos de limpieza adecuados o verificables, áreas de procedimientos con tiempos de limpieza insuficientes entre paciente y paciente, ausencia de tecnología que complemente —y no dependa exclusivamente de— la acción humana.
La bacteria se propaga principalmente a través del contacto directo con superficies o manos contaminadas. Los dispositivos médicos —catéteres, sondas, ventiladores— son medios comunes de transmisión.4 Cada superficie de alto contacto sin un protocolo verificable es una oportunidad que la bacteria puede aprovechar.
Dos capas de protección que los hospitales más seguros ya tienen activas
La prevención de IAAS no se resuelve con un solo producto ni con una sola decisión. Se construye en capas. Dos de las más efectivas —y también las más implementables en el corto plazo— son el control en superficies de alto contacto y la desinfección terminal con tecnología UV-C.
Primera capa: Control en superficies de alto contacto
Las superficies que rodean al paciente —barandales de cama, equipos de monitoreo, mesas de procedimientos, manijas— son vectores silenciosos. Las toallas desinfectantes de uso clínico ofrecen una limpieza y desinfección rápida con productos aprobados. Las CaviWipes1 de Metrex están formuladas con cloruro de dimetil benzil amonio y cloruro de alquil dimetil benzil amonio, con alcoholes de baja concentración, con un tiempo de contacto de un minuto para desinfección de nivel intermedio.
Su formato de toalla húmeda elimina la variabilidad que introduce el método de dilución manual: cada aplicación es consistente, trazable y reproducible. No requieren enjuague ni dilución, limpian y desinfectan simultáneamente, tienen el tiempo de contacto más corto entre los desinfectantes comunes, no generan olores, no dejan residuos, no corroen y cuentan con aprobación internacional.
En un área de neonatología o UCI pediátrica —exactamente los entornos afectados por el brote de Klebsiella— la consistencia en el proceso no es un detalle operativo. Es la diferencia entre contener una contaminación y permitir que se disemine.
Segunda capa: Desinfección terminal con UV-C
La limpieza manual —incluso bien ejecutada— deja zonas sin desinfectar. La geometría de los espacios, los ángulos muertos, las superficies texturizadas: ningún protocolo manual garantiza cobertura total. Esto es especialmente relevante en habitaciones que han sido ocupadas por pacientes portadores de patógenos prioritarios o en quirófanos.
La tecnología UV-C opera exactamente en ese margen. A 254 nm destruye el ADN de bacterias, virus y esporas, incluyendo cepas resistentes como MRSA, C. difficile, Klebsiella resistente a carbapenémicos, Acinetobacter resistente a carbapenémicos y Pseudomonas aeruginosa. El proceso no requiere contacto, no deja residuos y puede completarse en minutos tras la limpieza manual estándar.
Más de 1,100 hospitales en el mundo ya lo tienen integrado a sus protocolos de desinfección terminal. En México, INIMED lo opera como servicio: evaluación del espacio, calibración del equipo y protocolos documentados y trazables para auditorías de calidad y cumplimiento normativo.5,6
Si tu unidad no puede responder esta pregunta, hay trabajo por hacer
¿Puedes demostrar, con registros trazables, que las superficies de tus áreas críticas fueron correctamente desinfectadas en las últimas 24 horas? ¿Y en las 72 anteriores?
Si la respuesta genera duda, ese es exactamente el punto de entrada de un brote.
El protocolo que falta no es complejo ni costoso en comparación con lo que cuesta un evento adverso: una investigación epidemiológica, una alerta sanitaria, el daño reputacional y, sobre todo, vidas.
INIMED trabaja en México y en el mundo con las instituciones que deciden no esperar a que el riesgo se vuelva titular. Si estás a cargo de la seguridad del paciente en tu unidad, este es el momento de actuar, no de evaluarlo para el siguiente trimestre.
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Referencias
- Hernández Tiscareño, J. “Brote de Klebsiella oxytoca: desafío emergente en infecciones nosocomiales pediátricas.” Medscape en Español, 9 de diciembre de 2024. Ver artículo
- “Nuevo brote bacteriano en Edomex: aumentan las infecciones en hospitales.” Expansión Política, 4 de diciembre de 2024. Ver artículo
- “Brote de Klebsiella oxytoca; cuántas muertes van y síntomas.” Milenio, diciembre de 2024. Ver artículo
- “Alerta epidemiológica por brote de la bacteria Klebsiella oxytoca en México.” Baby Daily by Creysi, 9 de diciembre de 2024. Ver artículo
- Campos Flores Susana y Cols. Biocidal effect of UV-C light on environmental bacteria in a neonatal intensive care unit. Pediatric Infectious Diseases Conference 2026.
- de la Rosa-Zamboni D, y Cols. Effect of UV-C disinfection and copper plating on healthcare-associated infections in a NICU with high ESBL infections. Enferm Infecc Microbiol Clin (Engl Ed). 2025 Feb;43(2):64-70. doi: 10.1016/j.eimce.2024.02.014. PMID: 38705751.
- World Health Organization & WHO Patient Safety. (2009). Infection prevention and control (IPC), medical devices and diagnostics (MDD) (WHO/IER/PSP/2009/01).